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CARTAGENA DE INDIAS, COLOMBIA, NUESTRA PRIMERA AVENTURA.

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Apenas saliendo del aeropuerto internacional Rafael Núñez, en CARTAGENA, se puede sentir ya ese rico calor de la costa caribeña y la alegría de saber que al fin estás en tierra Colombiana. 

En lo personal, a pesar del desayuno en el avión, me apresto a degustar las delicias culinarias que tiene esta bella ciudad, pues tengo un muy buen apetito y quiero probar los mariscos frescos, que muy difícilmente encuentras en el medio del continente de donde vengo. “Directo del mar a la olla.”

Mi novia, Vanessa, es más de comida ligera, por decirlo de alguna manera. Es vegetariana, así que espero podamos conseguir buenos restaurantes vegetarianos y mejor aún, veganos; para que tanto ella como yo, podamos satisfacer el paladar con nuestros gustos particulares.

La gente que va saliendo a nuestro alrededor, como siempre presurosa. Corren con sus maletas como si se fuese a terminar el agua del mar de Cartagena o como si todos fueran importantes ejecutivos que se atrasan a una reunión de extrema importancia. (Cartagena goza de un importante centro de convenciones) Nosotros vamos a paso ligero. Pretendemos tomar las cosas muy tranquilas en este viaje, y disfrutar cada segundo sin estrés cotidiano. 

Ya embarcados en un taxi, empieza la lluvia de preguntas al chofer. Mi novia tiene esa costumbre a cualquier lugar del mundo donde vamos y nos podamos comunicar. Es algo que yo cuando estoy solo evito, pero admito que nos ha ido muy bien y aunque a veces han tratado de timarnos, con la práctica se aprende a diferenciar entre una persona honesta que quiere ayudarte, a alguien que quiere sacar provecho de ti.  En este caso, Ricardo, nuestro transportista, fue toda una fuente de información, con la mejor intención de ayudarnos. Por supuesto le dimos su bien merecida propina. En Cartagena de Indias, al igual que en Estados Unidos, se acostumbra a dar propinas.

El tráfico del aeropuerto al hotel, bastante fluido, a pesar de que estamos llegando en “hora pico” en la mañana. O quizá en Cartagena de Indias, no hay horas pico tan extendidas como en Miami, mi hogar. Donde la hora pico inicia 8:00 y nadie sabe cuándo termina.

Hay mucha gente en la calle, muchos turistas, es marzo, temporada alta de turismo en Cartagena. Acabo de ver un Bus Turístico de 2 pisos, (conocido en mi ciudad como city sighseeing tour), el cual espero abordar el día de mañana y por medio de él transportarme todo el día por la ciudad.

Nos hospedamos en el Hotel Cartagena Plaza. En la entrada del hotel, como es de esperarse, la gente muy amable. El lugar se ve muy limpio, un ambiente sobrio, bastante acogedor y para mi dicha, no hay largas filas de gente chequeándose. Este viaje parece será perfecto.

El resto de la tarde, pasamos en la piscina, tomando cocteles. Descansando, en fin. Un lugar muy bonito, pero nada más que contar.

Si Cartagena de Indias es lo que dice ser y si la publicidad en internet no nos ha engañado, hoy empieza nuestra aventura. Tenemos planeado algo que mi novia me ha insistido mucho. Iremos a llenarnos de lodo en el volcán del Totumo. Mejor dicho, un mini volcán del Totumo, porque dicen que no tiene más de 15 mts de altura. 

LA AVENTURA EN EL VOLCAN DEL TOTUMO

Partimos del hotel muy temprano, en un bus de la empresa City Sightseeing que nos contrató. Del camino no se mucho, porque iba con mucho sueño y aproveche esa hora de viaje para descansar la resaca que me dejaron los cocteles del día anterior y mi novia me acompañó todo el camino en los brazos de Morfeo.

Eso sí, el viaje fue en transporte con aire acondicionado, muy cómodo y la duración del mismo fue de una hora. Esta aclaración, la hago para darle algo de crédito a la compañía de transporte, que se portó muy bien y que no tiene la culpa que yo haya pasado una noche de tragos con mi novia.

Al llegar, el clima delicioso. Al frente nuestro se encontraba “imponente” el Volcán del Totumo, con sus 15 metros de altura «hasta aquí, confieso que me sentía un poco decepcionado», porque la estructura hotelera no es que sea de lo mejor.

Cuando ingresamos al volcán, todo cambió. Y no es que era el sueño de mi vida estar sumergido en lodo.  Pero la sensación que uno adquiere en ese sitio es indescriptible.  

Primero, uno no puede sumergirse completamente, así que no pienses que debes estar flotando por tus propios medios. De hecho, no hay problema si no sabes nadar.

Segundo, el lodo no es frío. Es tibio, muy viscoso y se siente delicioso en la piel. Haz de cuenta que te estás metiendo a un jacuzzi de flan antes de cuajarse. No se me ocurre como más describirlo. Vanessa, no quería ni sonreír, para que el lodo penetre lo suficiente en esas pequeñas líneas de expresión que tiene y verse radiante.

Estuvimos ahí más de treinta minutos, luego al salir, nos dirigimos a una pequeña laguna, donde unas amables lugareñas nos ayudaron a sacarnos todo el lodo de nuestro cuerpo. 

Aprovechamos para visitar varios lugares de la zona.  Almorzamos un plato de pescado, con patacones, una ensalada mixta y arroz con coco. (plato típico de la región). Luego nos dirigimos de vuelta a Cartagena, con mucho entusiasmo. La verdad esta fue una aventura muy grata e inesperada, debo confesarlo.

Ya en Cartagena, fuimos al hotel a tomar una “ducha decente” luego de descansar un poco en la habitación y probar un postre en el lobby del hotel, fuimos a la siguiente aventura del día, un paseo romántico de coche tirado por caballos.

PASEO EN COCHE, UN ROMANTICO PASEO

En un comienzo, Vanessa se opuso a disfrutar de esta atracción turística. Ambos somos muy amantes de los animales y sentíamos que de alguna manera íbamos a explotar al caballo que tira del carruaje. 

Después de pensarlo mucho y considerando que no estamos seguros de que íbamos a volver a Cartagena, decidimos probar este paseo. Lo cual, nos alegró mucho hacerlo, en vista que el chofer nos comentó la manera en que cuidan de los animales, y más importante, vimos el respeto y el cariño que el chofer sentía por su amigo y compañero de trabajo.

Fue una velada espectacular.  En el recorrido están los lugares arquitectónicos más importantes. Plaza de Santo Domingo, Plaza de Santa Teresa, Plaza de la Aduana, Plaza de los Coches, etc. Se podría sentir el romanticismo que según nos manifestaba el guía, alguna vez inúndaba este bello lugar.

El trato de nuestro conductor fue excelente, el clima templado, humedad con algo de brisa. En fin, al mejor estilo de las películas románticas de Hollywood.  Les recomendamos ampliamente visitar Cartagena de Indias en Colombia, disfrutar su arte, gastronomía, sus playas e incluso el amable y cálido trato de su gente.

Aprovecho también para agradecer a la empresa City Sightseeing, el operador con quien contratamos nuestros paseos, por su gran servicio y también, por permitirnos colocar este artículo en su página web.

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